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En torno a la huerta de proximidad (Artículo Heraldo J. Loren y Alejandro Acero)

Fuente: Heraldo de Aragón, sábado 23 de julio de 2016, pág.18

La horticultura de proximidad es loable y necesaria en Zaragoza, pero no hay que poner en tela de juicio otras formas agrarias. Vivimos en un mundo globalizado que hace que los alimentos se comercialicen en lugares alejados de donde se producen.

En las últimas semanas se está hablando insistentemente en Zaragoza de la agricultura de proximidad. En otras ciudades, como Valencia, también está en plena efervescencia, auspiciada por la Generalitat y el ayuntamiento valenciano.

Comenzaremos por decir, que la agricultura y en este caso concreto, la horticultura de proximidad en la ciudad de Zaragoza nos parece muy loable y además necesaria. De igual manera, pensamos que la agricultura ecológica es un excelente nicho de mercado para que una serie de agricultores, que han apostado y arriesgado por ella, se diferencien y puedan alcanzar mercados que valoran más este tipo de productos, pagándolos mejor, y favoreciendo que el agricultor ecológico pueda ganarse la vida con su trabajo.

Sin embargo, dicho esto, y a raíz de aquel ‘insecto’ que contenía unas frases desafortunadas relacionadas con el mercado central de Zaragoza, hemos de decir que por un lado nos alegramos de que el Ayuntamiento reaccionase a tiempo retirándolo, y por otro que conviene aclarar algunas cuestiones.

Vivimos en un mundo globalizado. Se acaba de producir el referéndum en Gran Bretaña y se ha generado un auténtico tsunami financiero en todo el mundo. Un mundo globalizado que hace que los alimentos, como otros muchos productos, se comercialicen en lugares muy lejanos de donde se producen, entre otras cosas porque han cambiado nuestros hábitos de consumo.

Hace unas décadas solo comíamos hortalizas de verano durante esa estación. Ahora, podemos comer tomate en cualquier estación del año, proveniente de los invernaderos de Almería o de otros lugares del mundo.

Hemos de potenciar el consumo de proximidad por sus valores culturales, sociales, ambientales, paisajistas, organolépticos, etc., pero sin perder de vista la realidad, que habitualmente suele ser muy tozuda. Es decir, hemos cambiado de hábitos alimenticios. Consumimos cada vez más producto elaborado, frente al fresco, cuyo origen en muchos casos desconocemos y queremos consumir determinados productos todo el año.

Pero además, hay otro hecho notable y a tener en cuenta. Somos una comunidad autónoma con baja población y una enorme capacidad productiva en el sector agroalimentario. Producimos mucho más de lo que consumimos, y buena parte de estos alimentos los vendemos en otras regiones de España, de la UE o del mundo. En Aragón tenemos una gran cabaña de porcino, y buena parte de ella tenemos que exportarla. Conviene recordar que el sector porcino es el de mayor contribución en Aragón, a la producción final agraria. También exportamos una gran parte de nuestras frutas, que, por su elevada calidad, están teniendo una enorme aceptación en otros países.

En resumen, bienvenido el deseo de que nuestra huerta vuelva a tener vida y se convierta «en un lugar próximo y agradable para pasear andando o en bicicleta, y que está lleno de enseñanzas» (Bourrut, H; 2004), porque hemos pasado de más de diez mil hectáreas en el siglo XX, a apenas seiscientas ahora. Debemos defenderla, pero sin poner en tela de juicio, otras formas de agricultura o de comercialización, porque cabemos todos.

Javier Lorén Zaragozano
es presidente del Consejo General
de Colegios de Ingenieros Técnicos
Agrícolas de España y profesor de la Eupla;
Alejandro Acero Oliete es profesor de la Eupla.

 
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