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“Certificar un encierro” – Artículo en Heraldo de Aragón de Juan Villarroya

(Artículo en Heraldo de Aragón, 25/08/2016, pág. 24)

A la luz de la experiencia de un profesional, la normativa sobre los elementos de seguridad en los espectáculos taurinos populares resulta claramente insuficiente.

25-08-2016-Heraldo-Articulo Juan Villarroya

El verano es la época del año en la que, con frecuencia, se celebra el mayor número de fiestas patronales, mayores y otras de guardar a lo largo y ancho de toda la geografía de nuestro país. Además de las verbenas, otra de las tradiciones más arraigadas es la celebración de festejos taurinos, en múltiples formatos: corridas de toros, encierros, suelta de vacas o de novillos, capeas, toros ensogados, etc. Una celebración polémica, con fieles defensores y activos detractores.

Además de las distintas posturas que año tras año son noticia, igualmente –y tristemente– lo son los accidentes, de mayor o menor gravedad, que algunas veces conllevan esos festejos. Porque, obviamente, se trata de actividades que suponen un peligro, lo cual forma parte de su atractivo: emoción para unos, morbo para otros. Cuando nos sacude una noticia como la de fechas pasadas, donde una niña de tan solo 7 años resultó herida, la opinión pública se afana en buscar las causas de lo ocurrido.

Tuve la suerte de prestar servicio como arquitecto comarcal hace unos años, en una zona cercana a donde ocurrió ese triste incidente. Se trataba de un trabajo complicado, por la variedad y la singularidad de las consultas técnicas que había que resolver. Entre ellas, una de las que más se repetían, o quizá la que más, era la tarea de asistir a los ayuntamientos y certificar el material que se utilizaba para los burladeros, el vallado y demás elementos de seguridad en los distintos festejos taurinos de los pueblos.

Mi primera sorpresa fue la propia solicitud para realizar esa certificación. ¿Qué conocimientos específicos y qué formación tiene un arquitecto para ello? Obviamente, hay cuestiones de mecánica, estática, resistencia y estructurales que pueden plantearse como un problema físico y son por tanto conocidas para la profesión. Pero la singularidad de cada caso y la solución concreta se nos pueden escapar. Recurrí a la legislación y la normativa vigente; primero, para confirmar que podía realizar ese trabajo y luego, para saber qué era lo que tenía que certificar en caso de poder hacerlo.

En la normativa, específicamente se solicita un arquitecto o arquitecto técnico, como redactor de un informe de idoneidad del vallado y demás elementos de seguridad de ese tipo de espectáculos.

Me sorprendió tal afirmación, porque los arquitectos estamos acostumbrados a trabajar con edificios y con personas y no con burladeros, toros y vacas. Pensé en aquel momento que si la normativa exigía un certificado a un técnico en concreto, también dictaría las condiciones a certificar… Me equivoqué. Tenía que certificar en el aire. Para quien no esté acostumbrado con el término técnicamente, cuando emitimos un certificado estamos dando fe de un hecho. Me costaba certificar un hecho cuando no sabía de qué hecho concreto debía dar fe. Quizá alguien se pregunte por qué. Intentaré aclararlo.

Para solicitar los trámites de los festejos hay que cumplir un calendario y, por tanto, hay que reunir toda la documentación necesaria con antelación a la celebración de los espectáculos. Según mi experiencia, este tiempo viene a ser en torno a un mes antes del comienzo de los festejos. Obviamente, cuando tienes que realizar este certificado un mes antes de las fiestas, el vallado no está ubicado todavía en el recorrido del encierro o en la plaza. Muchas veces, no está aún ni preparado, sino que está donde se guardó el año pasado al acabar las fiestas. Unas veces cerrado, otras cubierto, algunas a la intemperie. Pero en mi experiencia, en ningún caso ese material estaba en la ubicación del encierro.

En esa misma experiencia personal, me llamó la atención la sorpresa que provocaba mi interés por ir a ver tanto el vallado como el recorrido del encierro. Para mí era obvio: si tengo que certificar algo, qué menos que verlo… No certifiqué ningún vallado para el encierro. Informé, con minuciosa descripción, del estado del vallado, del material, de cómo se encontraba, de la situación de anclajes y esperas a lo largo del recorrido y de otros detalles…

La normativa no era nada clara ni específica. Ni en cuanto al material a utilizar ni en cuanto a su disposición ni en cuanto a las dimensiones. Ni mucho menos, sobre la resistencia de la estructura o de las protecciones. Me resultaba imposible certificar… en el aire.

Juan Villarroya Gaudó es arquitecto y
profesor de la Escuela Universitaria
Politécnica de La Almunia (Eupla)

 
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